En 2009 tenía 28 años, un ego del tamaño de un campo de fútbol y un plan perfecto: pagar 36.000€ por un MBA en una escuela con nombre de peso, y dejar que el título hiciera el resto. Iba a ser el puto Guardiola de los negocios. Spoiler: la vida tenía otros planes, y no llevaban corbata.
Mis expectativas eran las de cualquier iluso con ganas de comerse el mundo: iba a ser el crack admirado por todos, el de la casa a cuatro vientos y los dos coches en el garaje, el elegido por el "sextete" del conocimiento empresarial. Escuchar "¡qué crack, estudiando un MBA!" me inflaba el ego más que un globo de feria. 36.000€ me parecían calderilla comparados con la recompensa que venía después.
Como decía Séneca, no nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas. Y lo más difícil no era el máster. Era lo que venía después.
Lo que sí me enseñaron (y de qué no sirvió)
Te enseñan a hacer un business plan tan bonito que parece un Picasso. Te enseñan estrategias que suenan de cine en un PowerPoint y que el mercado destroza en la primera reunión real. Te cuentan historias de profesores que hicieron cosas increíbles, y tú ahí, preguntándote cómo ibas a aplicar eso el lunes por la mañana.
Como decía Epicteto, no es lo que te sucede, sino cómo reaccionas a ello lo que importa. Y mi reacción, nada más acabar el máster, fue sentarme a esperar que el mundo me sirviera el éxito en bandeja. Emprendí con un plan de negocio que parecía impecable en el papel. La vida me metió el primer puñetazo antes de que me diera tiempo a imprimir las tarjetas de visita.
Lo que un diploma no te prepara para encajar
Ningún máster te prepara para la incertidumbre real, para los errores que duelen en la cuenta corriente y no en un caso práctico, para tener que negociar, vender, liderar y tomar decisiones que pueden salir mal —y salen mal. Eso no se aprende en un aula con aire acondicionado. Se aprende a hostias, en el mundo de verdad.
Marco Aurelio lo resumió mejor que cualquier profesor de estrategia: "El arte de vivir se parece más a la lucha que a la danza." Y la lucha de emprender —cagarla, levantarme, volver a cagarla— me enseñó más en dos años que el máster entero.
El único MBA que vale la pena
Si tienes ese dinero encima de la mesa y estás pensando en gastarlo en un título, esto es lo que haría yo hoy:
- Emprende antes que estudies: te vas a equivocar, y esos errores valen más que cualquier apunte de clase.
- Especialízate de verdad: conviértete en el que mejor domina su campo, no en el que mejor lo explica en una entrevista.
- Busca mentores, no másteres: habla con gente que ya se ha pegado los tortazos, tengan diploma o no.
- Guárdate un colchón: emprender sin red ya es bastante duro; hacerlo también sin ahorros es jugar a la ruleta rusa.
Al final entendí la única lección que de verdad valía los 36.000€: el título es decoración de pared. Lo que cuenta es lo que haces con lo que tienes, hoy, sin esperar a que un papel te dé permiso.
Si quieres un título de verdad, no busques un diploma. Busca resultados.
P.D.: Esto es lo que aprendí gastándome 36.000€ en el máster equivocado.
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